me esfuerzo tanto en mi fachada de tener todo controlado, de claridad, pero en realidad todo es difuso, los días pasan estériles, con la excusa de estarme cuidando, comer sano, mover el cuerpo, mejorar la postura, tomar agua, usar bloqueador, visitar al doctor, tener terapias, según yo me estoy arreglando, pero mi ser esta podrido y para eso no hay arreglo, parasito mi espacio porque ni siquiera puedo vislumbrar un futuro, veo a los ojos a mi gata y ni siquiera le puedo prometer que la veré envejecer, veo a lo lejos a la gente que me conoce y ya no tengo la confianza de decirles que habrá una próxima vez.
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martes, julio 06, 2021
martes, julio 15, 2008
Jaime Sabines (1926 - 1999)
Qué costumbre tan salvaje
¡ Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!
¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos
alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.
Yo siempre estoy esperando que los muertos se levanten, que
rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?
Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la
introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras,
paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando,
amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.
Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos
derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo
dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de
su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o
tirarlo a un río?
Habría de tener una casa de reposo para los muertos, ventilada,
limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada
día, se levantarían a vivir.
¡ Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!
¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos
alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.
Yo siempre estoy esperando que los muertos se levanten, que
rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?
Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la
introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras,
paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando,
amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.
Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos
derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo
dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de
su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o
tirarlo a un río?
Habría de tener una casa de reposo para los muertos, ventilada,
limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada
día, se levantarían a vivir.
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~音楽~
Pasando por el rojo profundo y punzante al sordo y luminoso azul......